En la jerga cibernética que se suele usar la palabra hackear es fácil de encontrar, y a su vez, suele resultar confusa. Muchos nos imaginamos a una especie de programador encapuchado escribiendo gran cantidad de códigos para conseguir contraseñas, pero este es solamente un estereotipo.

La realidad es que, si bien programar hace que sea más sencillo, un hacker es simplemente una persona que entra sin autorización a un dispositivo ajeno (ya sea computadora o teléfono), para después cumplir sus propios objetivos.

Un esposo que ingrese en las redes sociales de su pareja, por ejemplo, sin que ella le dé permiso y utilizando algún programa para conseguir sus contraseñas sería un hacker, aunque no sepa cómo hacerlo por su cuenta y utilice algún programa preexistente.

De hecho, aunque antes los métodos para lograrlo eran más complicados, la realidad es que hoy en día basta con buscar en Internet un programa de confianza que, al enviar un vídeo, mande de vuelta los datos de los usuarios que lo compartieron en Internet.

Privacidad en la red: ¿cuál es el objetivo?

Hay un sinfín de motivos por el cual las personas se ven interesados en saber como hackear Facebook. Cuando se trata de familiares y amigos, es probable que sea para enterarse de información personal que no compartiría con ellos, siendo un caso de desconfianza, pero usualmente no de perjuicio, a menos que decidan jugarle una broma pesada.

Por otro lado, cuando es un desconocido el que intenta acceder a nuestra cuenta, hay que considerar si tenemos datos sensibles (como cuentas bancarias, páginas con mucha popularidad o tarjetas de créditos asociadas), ya que son objetivos comunes.

En cualquier caso, ser víctima de estos ataques suele ser desagradable, por lo que es recomendable estar atento a páginas sospechosas y a enlaces de ancla parecidos (pero no iguales) a aquellos de los sitios web que solemos acceder.