retirada amianto

Generalmente, relacionamos la retirada amianto o asbesto con la prevención del cáncer de pulmón y aunque este es motivo más que suficiente para no postergar dicho trabajo, es menester saber que las consecuencias de la exposición a las fibras de este elemento son mayores e incluyen otras enfermedades, entre ellas el mesotelioma pleural.

Al igual que en el caso de la asbestosis, la exposición a las fibras contaminantes son el principal factor de riesgo de mesotelioma, esto quiere decir que las personas que entran en contacto con ellas tienen mayor probabilidad de contraer dicha enfermedad.

Desafortunadamente, el paso del tiempo no disminuye tal posibilidad, ya que el desarrollo de la misma demora varios años y esta es la causa por la que los diagnósticos se dan a los 20 o 40 años de haber inhalado las partículas de amianto.

Sin embargo, lo anterior no significa que las personas que sospechan haber inhalado asbesto deban quedarse de brazos cruzados, esperando a la aparición de los síntomas. Por el contrario, en tal caso, lo ideal es acudir inmediatamente al especialista, explicarle lo ocurrido y seguir las indicaciones que nos dé.

La importancia de sustituir el amianto

La manera más efectiva en la que podemos reducir el riesgo de contraer esta u otra clase de padecimientos derivados del contacto con el amianto, es asegurar que no se encuentre presente en el entorno.

En virtud de ello, es fundamental evaluar la posibilidad de sustituirlo por otros elementos que ofrezcan los mismos beneficios pero que no impliquen un peligro, por supuesto, teniendo en cuenta que no es recomendable que, bajo ninguna circunstancia, se realice lo que popularmente se conoce como desamiantado casero, puesto que las consecuencias podrían ser peores.

En este sentido, al tratarse de un material tan tóxico lo oportuno es que el tratamiento del mismo se deje en manos de profesionales formados para ello, que estén al tanto de las normas aplicables a la materia y dispongan de los recursos necesarios para retirarlo, transportarlo y desecharlo sin arriesgar la vida de ninguna persona.

Así pues, en la medida en que se asuma con seriedad la misión de acabar por completo con todas las fuentes de fibrocemento, podremos asegurar un futuro en el que ya no debamos preocuparnos por las enfermedades que desarrollaremos a causa del mencionado tóxico.